Eva González, investigadora del CNIO: “Ha llegado el momento de estudiar a la paciente en su conjunto, incluyendo los factores externos”

Eva González Suárez, jefa del Grupo de Transformación y Metástasis del CNIO. /Laura M. Lombardía. CNIO

La investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) Eva González-Suárez ha recibido este año por segunda vez una ayuda del Consejo Europeo de Investigación (ERC) para avanzar hacia una nueva terapia dirigida contra el cáncer de mama triple negativo. Este subtipo representa entre el 15 y 20% de los cánceres de mama, y uno de sus rasgos es la propensión a formar metástasis.

El equipo de González, el Grupo de Transformación y Metástasis del CNIO, está desarrollando la prueba de concepto de un tratamiento basado en nuevos inhibidores contra la proteína RANKL, que pueden beneficiar al 30% de pacientes con tumores de mama triple negativo.

¿Hay ahora más cáncer de mama que antes, o se diagnostica más?

Probablemente se da una combinación de ambos factores, porque sin duda se diagnostican más casos que hace unos años. Todos los cribados para la detección precoz del cáncer de mama están encontrando muchos casos que antes pasaban desapercibidos. Gracias a ello se pueden empezar antes los tratamientos, con el consecuente aumento de supervivencia.

Pero la incidencia también puede haber aumentado por factores del estilo de vida: más consumo de tabaco en mujeres –que afecta notablemente al cáncer de pulmón, pero también a otros tumores, incluido el de mama–, de alcohol, la enfermedad metabólica –sin ser necesariamente obesidad– o el estrés, entre otros factores. 

Grupo de Transformación y Metástasis del CNIO, liderado por Eva González Suárez. /CNIO

¿Qué avance en investigación desea especialmente que ocurra, porque cree que tendrá más impacto?

A mí me gustaría que se avanzara en la caracterización no solo del tumor, sino del tumor y la paciente en su conjunto.  El tumor no está aislado. En los últimos años se ha avanzado primero en conocer el tumor, a nivel genético, su DNA, mutaciones, y más recientemente en el microentorno/microambiente tumoral, pero ha llegado el momento de estudiar el “macroentorno”, a la paciente en su conjunto, y todos los factores externos a los que está sometida.

Ahora los tumores se clasifican en grupos según sus características generales, pero un tumor no tiene nada que ver con otro, y cada paciente es diferente. Esa caracterización “conjunta” estandarizada permitiría conocer realmente su heterogeneidad, e identificar nuevas dianas para un diagnóstico y tratamiento mucho más personalizados.

¿Cómo valora el avance de la investigación en cáncer de mama?

Los últimos avances en cáncer de mama, con los pocos años que se lleva trabajando a nivel molecular, son espectaculares. Es indiscutible el impacto positivo de nuevos tratamientos como los inhibidores de la proteína HER2 o la terapia hormonal. Y hay muchas otras dianas terapéuticas que van dando lugar a tratamientos cada vez más personalizados. Por ejemplo, los inhibidores de CDKs (palbociclib y su familia), los inhibidores de inmunoterapia, los inhibidores PARP, los inhibidores de PI3 quinasa, que solo tienen sentido si tienes mutaciones en esa vía, etcétera.

Este es el camino, con claras ventajas: un aumento en la supervivencia, menos efectos secundarios, y una medicina cada vez más personalizada. Sin embargo, sigue habiendo grandes retos. Es necesario continuar investigando para identificar nuevas dianas para el tratamiento de la enfermedad metastásica, que sigue siendo devastadora.

Con la llegada de las terapias que menciona, dirigidas a dianas concretas, ¿sigue siendo importante en cáncer de mama la quimioterapia, que es menos específica y tiene más efectos secundarios?

La quimioterapia es hoy el tratamiento más eficiente para reducir el volumen tumoral. En los tumores diagnosticados con un tamaño grande, la quimioterapia previa es esencial para poder eliminarlos, ya reducidos, con cirugía. Creo que se seguirá usando, al menos a medio plazo, porque ninguna de estas terapias personalizadas, más dirigidas, tiene un efecto tan claro sobre el volumen tumoral, afectan más a recurrencias y supervivencias.

Dicho esto, hay estudios muy prometedores para conseguir los mismos efectos con dosis mucho más bajas de quimioterapia y menos efectos secundarios asociados.

Además, hay muchos tipos diferentes de quimioterapia. Actualmente, se prueba un tipo y, si no hay respuesta, se pasa a otro. Pero hay líneas de investigación que buscan marcadores que predigan esa respuesta de forma que se pueda preseleccionar qué quimioterapia va a resultar más eficiente para cada paciente.

¿Hay tumores en que se pueda ya evitar la quimioterapia?

En aquellos detectados en estadíos muy tempranos y con un tamaño lo bastante pequeño para poder eliminarlos con cirugía. Incluso muchas pacientes diagnosticadas en estos estadíos de ‘buen pronóstico’ están recibiendo sólo tratamientos hormonales o en combinación con otros dirigidos contra marcadores específicos, como HER2, sin necesidad de quimioterapia.

También hay pacientes con cáncer de mama más avanzado en ensayos clínicos para probar combinaciones de terapias dirigidas –terapia hormonal con inhibidores de HER2 y añadiendo inhibidores de CDKs– con resultados positivos y mejores tasas de supervivencia que la quimioterapia convencional. A medio plazo es posible que incluso pacientes con cáncer de mama avanzado no tengan que recibir quimioterapia, o solo la reciban durante un breve período de su tratamiento.

Dentro de, digamos, 20 años, ¿será el cáncer de mama una enfermedad fácilmente superable en todas sus variantes?

Creo que, para el cáncer de mama se pueda curar en su totalidad, es fundamental un abordaje sistémico. Además de conocer el tumor, ahora conocemos mejor su microentorno, principalmente en el sistema inmunitario y las células inmunitarias que rodean al tumor, pero el cáncer –de mama y de otros tumores– es una enfermedad sistémica y tenemos que empezar a verla como tal, con tratamientos y estudios que contemplen su implicación con el resto del organismo.

En este sentido, estoy ahora mismo en un congreso de la recién nacida neurociencia del cáncer, que estudia cómo la enfermedad afecta a los circuitos neuronales y al sistema nervioso, y al revés, cómo desde el sistema nervioso –central o periférico– se puede afectar la enfermedad. Este es uno de los múltiples ejemplos del cáncer como enfermedad sistémica.

¿La inteligencia artificial puede contribuir a ese enfoque sistémico?

Ahora todo el mundo habla de inteligencia artificial, están ya establecidos algoritmos se analizan nuestros gustos con fines comerciales. Ha llegado el momento de recoger y analizar datos que afectan a nuestra salud.

Cada individuo es diferente y vive en un entorno diferente; tenemos que ser capaces de recoger todos esos datos individualizados, para saber cómo tratar a cada persona individualmente. Igual que diferentes personas no tenemos el mismo metabolismo y no reaccionamos igual a una dieta, lo mismo sucede con los tratamientos. Tengo confianza en que, con todos estos avances, aumentar la tasa de curación del cáncer de mama como tal, o convertirlo en una enfermedad crónica, no estén tan lejos en un futuro.

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